Treinta Segundos

¿Que eternidad tienen 30 segundos? Una sonrisa cálida seguida por un apretón de manos, que desprende un aspaviento de sentidos de los cuales solo es el de agradecimiento el que gana sobre todos los demás, y sale sin prejuicio de nuestras bocas “Muchas gracias Santiago, muchas gracias Juan Perro”.

¿Que fortuna traen 30 segundos? Conocer a un genio literario, empresario de canciones que cuajan sentimientos desde un simple ritmo de son hasta un pensamiento profundo y filosófico. Canciones bonitas y lírica a la par, es el arte que nos viene trayendo Santiago Auserón desde sus años jóvenes en Radio Futura pasando por su rebeldía de trovador como Juan Perro.

Canciones de tierras lejanas, reinos de Edgar Allan Poe, estatuas de jardines botánicos, fondas de mujeres queridas agarradas por la cintura, y una voz que no quiebra con los cardos del camino después de tantas primaveras de trovador.

En 30 segundos, uno espera que ese apretón de manos comunique el agradecimiento de tanta cultura compartida, de clemencias de perdón por haber maltratado alguna que otra letra al haber intentado cantarlas, y apreciación de un estilo rebelde y futurista que no descarta mirar al pasado para la inspiración.

En 30 segundos, después de un concierto íntimo, como si tocara en la sala de nuestras casas, con sombrero negro, guitarra en mano, sonrisas y humildad se despide el genio, que sin el saberlo, nos vio crecer entre poemas de veneno en la piel y canto del gallo. El perro flaco se desvanece por las calles de una Nueva York fría, en una noche cualquiera de Marzo. No más lágrimas compañero, hasta luego trovador, raíces al viento, quién sabe lo que nos traerá la bola de cristal, y si no nos volvemos a ver hombre ABRAGO, que te vaya bonito.